Revelaciones 17/03/2014

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Los petroleros de antes

Por: Margarito Escudero Luis

Cuando el país salió de la lucha armada revolucionaria, una de las preocupaciones del Congreso Constituyente de 1917 fue que las leyes tuvieran un efecto benéfico en la sociedad y sirvieran para apoyar y proteger la parte más vulnerable de ésta.

Por eso al legislar los artículos 27 y 123, creó la primera declaración de los derechos sociales con el fin de establecer las condiciones mínimas de justicia en las relaciones de los trabajadores del campo y de los trabajadores industriales, partiendo de que el trabajo es un valor básico en las relaciones económicas y sociales.

 

Para que eso fuera posible, de acuerdo a la forma de hacer política en México, se necesitaba que el presidente en turno estuviera del lado de los mexicanos y, sobre todo, de la parte más vulnerable de la sociedad.

Así que podría decirse que fue una suerte que estuviera en la presidencia el General Lázaro Cárdenas, quien retomó la preocupación de sentar las bases de equidad y justicia en las relaciones entre los factores de la producción, tanto en el campo como en la industria.

Obviamente, los campesinos y los obreros eran y son la parte más débil de esa relación, por lo que el Estado debía actuar en su favor y asegurar que sus derechos fueran en todo momento respetados. (Claro, eso fue hace muchos años).

En ese tiempo el Estado mexicano había concesionado a individuos y a empresas extranjeras la explotación de la riqueza natural del país, como la plata, el cobre, diversos productos agrícolas y pesqueros y el petróleo, entendiendo que la Nación no alcanzaba un grado de desarrollo óptimo para hacer esos trabajos con tecnología y mano de obra totalmente nacional.

Como las condiciones de trabajo no eran óptimas para los trabajadores, surgieron organizaciones de trabajadores que las empresas extranjeras se negaron a reconocer, desconociendo también las disposiciones legales que les ordenaban negociar directamente con los obreros las condiciones de trabajo, entre las cuales ocupaban un lugar muy importante: el salario y las prestaciones.

Además, tampoco querían pagar impuestos (cómo ahora se permite a grandes empresas) y gozaban de una serie de consideraciones de todo tipo: prácticamente explotaban en su provecho, de manera gratuita, un recurso natural que le pertenecía a todos los mexicanos.

En 1935, las empresas petroleras, en manos de capital extranjero, trataron de impedir la formación de sindicatos y usaron para ello todos los medios que tuvieron a su alcance, tanto lícitos como ilícitos; sin embargo se crearon sindicatos en cada compañía petrolera, pero las condiciones de trabajo entre una y otra eran muy diferentes.

Muchas trabas tuvieron que vencer los trabajadores de aquella época; para 1936 el Sindicato Único de Trabajadores Petroleros, se incorporó al Comité de Defensa Petrolera, del cual surgió al mes siguiente como la Confederación de Trabajadores de México (CTM).

El 20 de julio de ese año, el Sindicato Único de Trabajadores Petroleros llevó a cabo su primera convención, el cual formuló un proyecto de contrato general con todas las compañías y se fue a huelga para exigir su cumplimiento.

Además la Suprema Corte de Justicia de la Nación se pronunció porque las compañías petroleras extranjeras acataran el laudo de la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje a favor de sus trabajadores, claro que, de entrada, esas empresas se mantuvieron en desobediencia.

El presidente Lázaro Cárdenas siempre apoyó a los trabajadores; intervino para mediar ante las compañías y así intentar lograr la firma de este contrato, pero no hubo arreglo y el 28 de mayo de 1937 estalló la huelga, lo que paralizó al país entero al no despacharse gasolina por doce días.

Luego de una serie de trucos legaloides y argumentaciones para no acatar lo ordenado que no les funcionaron, los empresarios petroleros amenazaron con retirarse de México y llevarse todo su capital.

Los trabajadores se la rifaron junto con su gobierno, defendieron sus derechos, se aplicó estrictamente la Ley, se intentó negociar pero los empresarios ya no quisieron, montándose en franca rebeldía lo que ocasionó que el presidente Lázaro Cárdenas decidiera poner fin a tan largo conflicto y anunciar la Expropiación Petrolera el 18 de marzo de 1938.

Luego, el 12 de abril hubo una manifestación frente al Palacio de las Bellas Artes. Millares de mujeres de todas las clases sociales llevaron su cooperación para pagar la deuda petrolera. Las aportaciones iban desde gallinas hasta joyas valiosas.

La expropiación fue resultado de una cadena de hechos que habían puesto en entredicho la soberanía del país y por ello esta decisión llenó de júbilo al pueblo de México.

Eran otros tiempos. El nacionalismo de los mexicanos cayó en obsolescencia, el concepto de Patria ha perdido significado. Ahora, felizmente, las empresas extranjeras vuelven por sus fueros.