Piden asilo, por miedo

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Piden asilo, por miedo

AVC/Ana Alicia Osorio

Acayucan, Ver.

Vivir en tierras de maras no es algo fácil, por lo que muchos hondureños prefieren un largo viaje, caminatas y trámites para pedir refugio, antes que quedarse en su tierra.

Como uno de los jóvenes que ronda la oficina consular de Honduras en Acayucan y a quien la noticia de que uno de sus compatriotas y solicitante de asilo no lo desanima.

Es muy difícil la situación porque las maras, hay pocas oportunidades para jóvenes y siempre la mara está sobre los jóvenes ofreciendo otro tipo de opciones, como la droga, mucha delincuencia, mucho sicariato, o trabajo de laboratorio de drogas, casi todos los jóvenes están metidos las drogas y pandillas, afirmó quien prefiere omitir su nombre por el temor a esos grupos delictivos a los que todavía huye.

Al igual que Edwin Rivera Paz, él pretende pedir refugio en México ya que considera que algunos lugares son más seguros que su natal Honduras.

El camino es muy difícil y quiero buscar la manera de pedir refugio aquí en México para que me den mis papeles y así pueda pedir refugio aquí en México.

Hace una semana tenía que presentarse en la estación migratoria para pedir el refugio, pero al llegar le dijeron que no tenían el documento que acreditara la cita por lo que tenía que volver a comenzar el proceso.

Pero al llegar a la oficina consular lo mandan a otra puerta, la Oficina de Agencia de la ONU para los Refugiados. Esa solo lo recibe con un anuncio de que este lunes y martes estará cerrado sin explicación alguna. Nada lo desanima, ahora seguirá intentando.

Esas son las opciones que dan sino matan a toda la familia y también ellos se adueñan de las propiedades, de las casas, de esas cosas se adueñan, aseguró.

Este no es su primer intento, ya que la primera ocasión intentó llegar a Estados Unidos pero una vez que había alcanzado Tijuana fue regresado hasta su país de origen.

Solo una semana pasó desde que llegó a donde estaba su familia para que volviera a tomar camino hacia México, pero ahora con el plan de quedarse.

El tatuaje de una corona en su brazo marcó su vida más allá de la tinta. A partir de allí el grupo conocido como los maras le dieron un plazo para irse o sería asesinado por ser confundido con un grupo criminal.

Ahora su vida es viajar, huir, intentar pedir auxilio y soñar con establecerse para hacer dinero y ayudar a su familia.