Se quedaron sin hogar

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Se quedaron sin hogar

Familias de Cosoleacaque y Minatitlán resultaron con afectaciones por el sismo.

 

OMAR VÁZQUEZ VALENCIA

Cosoleacaque, Ver.

Daños en estructuras, calles y edificios públicos fue el resultado preliminar que dejó el movimiento telúrico de 8.4 grados registrado durante los últimos minutos del jueves en las costas de Chiapas y que afectó en el territorio de Cosoleacaque.

Reportaron autoridades de Protección Civil (PC) que desde los primeros minutos recorrieron calles de la colonia el Chichonal, donde a la altura del campo deportivo atendieron enormes grietas provocadas por el terremoto que a su vez generó estragos en casas habitación.

Precisaron que recorrieron sectores como F. Gutiérrez y cabecera municipal donde se visitaron diversas viviendas afectadas.

Abordado al respecto y cuestionado sobre el caso, el alcalde Ponciano Vázquez Parissi confirmó que en su zona se mantuvo el hecho bajo un saldo blanco ante la ausencia de personas lesionadas o víctimas por lamentar.

Caso contrario a los daños que en su momento tratarán de contrarrestar a través de las gestiones necesarias.

Es necesario precisar que de manera inmediata se activó un refugio temporal en la ciudad, el cual no fue necesario utilizar pues ninguna familia fue evacuada de sus hogares.

 

MINATITLÁN

Lo que costó casi una década de trabajo y esfuerzo se vino abajo en menos de tres minutos, naciendo así una de las tantas historias de desolación narrada a través de Roberto González Casimiro, padre de familia que tuvo la experiencia de encontrar su casa derrumbada por el terremoto de 8.4 grados.

Roberto dijo que antes de las 23:30 horas permanecía fuera de su hogar asentado en la calle Constitución de la colonia Playón Sur, uno de los sectores más populosos de la ciudad y distinguido por sus pantanosas áreas.

Allí, en uno de esos tantos terrenos empezó el sueño de Roberto y de su familia, cuando hace ocho años pusieron uno de los primeros pilotes que sostendrían su hogar compuesto por recámaras, cocina, sala y todo lo elemental a una altura de 3 metros, como medida de prevención ante las inminentes inundaciones que año tras año les acechan.

Lo que se pensó en su momento sería una “fortaleza” y patrimonio para su familia, se desplomó en segundos, dijo Roberto que él se encontraba fuera de casa y que solo sus hijas permanecían en el hogar cuando al regresar en busca de auxilio, lo primero que observó fue la estructura color blanco a ras de suelo y parcialmente destruida bajo una evaluación de pérdida total.

Junto con ese derrumbe se vino abajo el sueño del padre de familia que pese a la situación atinó a dar gracias a Dios, pues todos lograron salir con bien de un hogar que al amanecer seguía cayendo a pedazos.

Ayer al mediodía, la entrada del predio de Roberto, cubierta por un techo de lámina fue el improvisado punto de espera donde un comedor y sillas era el panorama que perduraba en un hogar donde no hubo descanso pues de manera inesperada tuvieron que rescatar sus pertenencias para ponerlas a salvo en un pequeño cuarto construido en ese mismo terreno.

“Fueron ocho años de esfuerzo, es un escenario triste el que estamos viviendo pero debemos tomar fuerzas y empezar de nuevo, pedimos a las autoridades que nos apoyen para poder arrancar de nuevo”, dijo el entrevistado.

Y bajo una mirada de tristeza pero tratando de sacar fuerzas, prosiguió con las labores respaldado por sus familiares que manifestaron que nunca antes habían observado algo similar en la zona.

Tan solo bastó caminar unos metros para localizar escenas similares, pues es común que las viviendas en esa colonia utilicen “pilotes”, siendo esto apenas el comienzo de lo que será una enorme jornada en busca de reconstruir y olvidar.