Hambre de poder

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Alberto Aziz Nassif

 

 

Llegó el día y Peña le quitó la capucha al tapado, la cual por cierto era casi transparente desde que la XXII Asamblea del PRI decidió quitar candados para simpatizantes y externos. Así resultó que José Antonio Meade será el candidato tricolor para la contienda de 2018.

1.—No ser priísta, pero parecerlo. A Meade le llevó sólo unas cuantas horas convertir su falta de militancia en una serie de rituales de acercamiento y gestos de amistad. Si antes se negociaba dentro del PRI con los sectores y su peso era importante para decidir la candidatura a la Presidencia, hace tiempo que esas estructuras se han convertido en cascarones vacíos de representación y con poderes muy limitados. Lo cual no quiere decir que sus líderes no participen en múltiples negocios al amparo de sus credenciales políticas. Meade dijo en la CTM “háganme suyo”, es muy fácil decir frases bonitas y darse grandes abrazos, cuando en realidad Meade no moverá un centímetro los parámetros de la política laboral del modelo económico dominante, con o sin Tlcan. De la misma forma pasó con los otros sectores del partido. Puede ser que la nostalgia de los viejos tiempos haya creado —por momentos— una atmósfera de que se trataba de una alianza y de una liturgia auténtica (como se acostumbra decir hoy) pero, al final, cuando se apagaron las luces y el ritual se hizo humo, todo quedó sin sustancia. Militar y hacer méritos en el partido ya no define la candidatura.

2.—Representante de un proyecto. Si la militancia es un requisito que se ha vaciado de sustancia, el ser un aplicado operador de un proyecto económico transexenal sí es importante. A Meade se le conoce y valora en el servicio público como integrante de la tecnocracia. Su desempeño al frente de varias secretarías lo avalan. Este candidato se vuelve intercambiable entre el PRI y el PAN, porque ambos mantienen afinidad en el proyecto económico que ha sido gobernado por una élite tecnocrática de economistas con una formación muy similar, que han ocupado los puestos como una herencia que se pasa de una generación a otra, con el común denominador de que casi todos ellos estudiaron en el ITAM. La alternancia no modificó en nada la operación económica del gobierno, por eso entre PRI y PAN esos funcionarios son intercambiables, comparten la misma visión de derecha sobre el desarrollo del país. Meade podía haber sido candidato del PAN en 2012, como lo será del PRI en 2018. Hay decisiones en las élites que no pasan por los colores de los partidos, sino por las redes de intereses que comparten un proyecto de país, independientemente de otras ideologías. Cuando se comparten los dogmas del estancamiento estabilizador, las diferencias entre Calles y Gómez Morín sobran.

3.—Entre el clóset y la complicidad. Dice Meade que no guarda expedientes en lo oscurito y que su clóset está limpio de cadáveres. Así ha contado la historia de su vida pública. Pero qué pasa con haber participado en diferentes gobiernos que sí han tenido que esconder expedientes. Estuvo en la administración del IPAB, que dejó el cadáver del Fobaproa; también participó en el Banrural. Pasó del gabinete de Calderón al de Peña Nieto, por las redes de amistad con Videgaray y confiesa que él votó por Peña, cuando era un funcionario de un gobierno panista. Como canciller defendió en foros internacionales al gobierno de Peña con Ayotzinapa. Meade ha sido un operador más del pacto de impunidad que domina al país.

4.—Hambre de poder. Resulta cursi la afirmación de Meade sobre su principal antagonista cuando dice que la razón de AMLO para buscar la Presidencia es por “hambre de poder” y que la suya es por vocación de servicio; lo cual es tan ridículo como pensar que la disputa presidencial será entre Maquiavelo y San Francisco de Asís. Nada más falso. Se tratará de una pugna entre políticos con ambiciones. Otra cosa son los estilos y proyectos de cada candidato y la construcción política. Por lo pronto, AMLO tiene 32% de intención del voto y Meade sólo un 16% (Reforma, 30/11/2017).

En 2018 veremos una elección de Estado, como la vimos en el ensayo del Estado de México, pero ahora será en todo el país y tendrá a Meade como el principal actor de un proyecto de poder insaciable…

 

Investigador del CIESAS. @AzizNassif