Se nos reventó la burbuja

el

Emilio Lezama

 

En la Ciudad de México la violencia ocupa ahora el espacio que alguna vez ocupó la esperanza.

 

En el sexenio de Felipe Calderón y su “guerra contra el narco”, el país conoció una de las peores crisis de violencia de su historia. La tasa de homicidios creció exponencialmente, llegando a un máximo de 19.75 por cada cien mil habitantes en 2011. Sin embargo, mientras el país ardía, la Ciudad de México se estableció como un improbable resquicio de paz.

De 2006 a 2012, la tasa de homicidios en la CDMX se estabilizó en un nivel considerablemente más bajo que la media nacional. En el año más violento del sexenio calderonista, la tasa de homicidios en la capital descendió con respecto al año anterior, dando un total de 8.72 por cada cien mil habitantes (SESNSP). Por unos breves años, las matanzas, bloqueos y balaceras fueron observadas desde la distancia por los capitalinos. La CDMX se volvió una burbuja; un refugio de la normalización de la violencia que ocurría en el resto del país.

Los años de paz relativa coincidieron con triunfos importantes de la sociedad civil en varios ámbitos. En 2007 se pasó legislación importante sobre la interrupción del embarazo y en 2010 se legalizó el matrimonio entre parejas del mismo sexo. Al mismo tiempo, la ciudad vivió una de las campañas más importantes de recuperación de su espacio público y, con ello, del tejido social. De 2006 a 2012 se inauguraron tres líneas de Metrobús, el programa Ecobici, y se recuperaron áreas importantes del Centro Histórico y sus alrededores. Esta revitalización de la ciudad atrajo turismo y una atención inusitada de la comunidad internacional. Contra todo pronóstico, la CDMX se puso de moda entre la “clase creativa globalizada”. La suma de estos factores resultó en un optimismo anormal entre los citadinos.

Este optimismo se vio reflejado en los resultados electorales de 2012. Miguel Ángel Mancera parecía el candidato idóneo para continuar el proyecto de Marcelo Ebrard. Procurador de Justicia del gobierno de la Ciudad de México de 2008 a 2012, Mancera había sido una pieza fundamental de la administración de Ebrard. Sin embargo, su triunfo contundente en las urnas fue más un referéndum a la administración de Ebrard (previo a darse a conocer el escándalo de la línea 12) que un endoso a las capacidades del candidato. Como consecuencia de ello, Mancera obtuvo la votación más alta en la historia del otrora DF (63%) y heredó una ciudad que en términos de seguridad, espacio público y derechos humanos contaba con un saldo positivo.

Seis años después, Mancera deja una ciudad muy distinta a la que heredó. Ciertamente los niveles de violencia en el país volvieron a repuntar de manera muy alarmante, la diferencia es que esta vez la Ciudad de México los acompaña. Según el periódico inglés The Guardian, el año pasado el país tuvo una tasa de 18.7 homicidios por cien mil habitantes (aunque InsightCrime reporta 22.5), mientras que la CDMX habría llegado a 9.05, marcando un aumento de 53.6% desde 2014. (Animal Político). De hecho, el segundo cuatrimestre de 2017 registró los niveles más altos de homicidio en la capital del país desde 1997.

Al mismo tiempo, hechos que se han vuelto tristemente comunes en el resto del país pero que habían estado ausentes en la CDMX, han empezado a permear la realidad capitalina. El 20 de julio de 2017, un enfrentamiento en Tláhuac acabó con la vida de Felipe de Jesús Pérez Luna, El Ojos, líder del Cártel de Tláhuac. En los días posteriores, balaceras, bloqueos y violencia consumieron esa zona. El 23 de enero de este año, el joven de 17 años Marco Antonio Sánchez desapareció después de haber sido detenido por la policía capitalina. El 28 de enero fue encontrado en el Estado de México con marcas visibles de violencia sobre su cuerpo.

Hoy 87.5% de los capitalinos se sienten inseguros en la ciudad. Esto es grave; los índices de violencia no sólo afectan la seguridad y la calidad de vida de los ciudadanos, sino que además permean negativamente en el ejercicio cívico y democrático. La burbuja se ha reventado sobre la ciudad. La violencia ocupa el espacio que alguna vez ocupó la esperanza.

 

@emiliolezama