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Paola Rojas

Fuera del Aire

 

Deploramos la corrupción si es a gran escala y la toleramos si es menor y nos beneficia. Desde esa comodidad, difícilmente habrá un verdadero cambio

Casi 300 organizaciones agrupadas en el colectivo Vamos por Más se manifestaron a favor de la creación de una Fiscalía Nacional con la independencia y la fuerza para realmente disminuir la impunidad. Pretenden que se apruebe en este periodo del legislativo, así que lanzaron el reto a los precandidatos para que ejerzan su liderazgo y lo logren ya. El momento que eligieron para hacerlo es muy oportuno, pues permitirá ver si el compromiso para combatir a la corrupción por parte de quienes aspiran a gobernarnos es real, o si simplemente están sumergidos en la retórica.

La propuesta plantea que la fiscalía tenga autonomía y su titular no sea nombrado por el ejecutivo. Eduardo Bohórquez, director de Transparencia Mexicana, explica que debe ser “una fiscalía libre de la influencia de los políticos, que investigue y que persiga, con personal debidamente capacitado, presupuesto suficiente y que rinda cuentas a los ciudadanos”.

Hay casos exitosos. Hong Kong es uno de ellos. Luego del crecimiento vertiginoso que tuvo en los sesenta, su población aumentó y con ella la corrupción. El mercado negro lo inundó todo. La mordida se volvió indispensable hasta en las emergencias: sin ella las ambulancias no trasladaban enfermos. Ante eso, fue creada en 1974 la Comisión Independiente contra la Corrupción. Sus tres ejes son el reforzamiento de la ley, la prevención y la educación. Y es que además de investigar denuncias, lanza campañas de concientización porque considera que es fundamental reeducar a la comunidad.

Poco después de su creación los niveles de impunidad empezaron a bajar y Hong Kong se transformó. El éxito de la ICAC no habría sido posible sin la presión y el acompañamiento de la sociedad civil. Muchos han intentado copiar ese modelo y han fracasado porque no tienen los recursos necesarios o porque no han alcanzado un enfoque coherente. Y es que quien forma parte de la corrupción no puede combatirla. Además de la corrupción política a gran escala, están todos esos actos casi cotidianos que realizan funcionarios de bajo rango con aquellos que aspiran a ser liberados de una multa o atendidos para tramitar un documento con celeridad. Deploramos la corrupción si es a gran escala y la toleramos si es menor y nos beneficia. Desde esa comodidad, difícilmente habrá un verdadero cambio.

HUERFANITO. De los precandidatos hay ya respuesta de Ricardo Anaya, quien se dijo dispuesto a impulsar su discusión y aprobación y de José Antonio Meade, quien se manifestó a favor de tener una fiscalía autónoma pero no fue más allá. De López Obrador no hay todavía una reacción.

La actuación de cada uno con respecto a este tema crucial dirá mucho más que las palabras, las promesas y los miles de spots.