Nuevas reglas políticas

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Jorge Islas

 

El pasado 5 de febrero se festejó el 101 aniversario de la promulgación de la Constitución de Querétaro de 1917. Deberíamos de estar conmemorando su aniversario 161, toda vez que Carranza propuso ante el congreso constituyente, un proyecto de reformas a la Constitución de 1857 y no un nuevo texto constitucional.

Como sea, cumplió un año más de vida, con retos muy similares a los que tuvo en la época en que fue concebida, para hacer gobernable al país que vive complejos problemas de violencia, desigualdad, pobreza, corrupción, impunidad y, sobre todo, sin un arreglo institucional que pueda resolver la fragmentación y polarización del sistema político. Un nuevo pacto que pueda procesar democráticamente las diferencias de opinión y posición, entre las principales fuerzas con representación política nacional. Nuevas reglas que incentiven la colaboración entre los poderes públicos a pesar de las divergencias políticas.

Es muy probable que después de la elección del próximo mes de julio, gane quien gane la Presidencia, el futuro presidente no contará con el apoyo del Congreso en donde su partido o coalición electoral tengan mayoría. Esto es grave, porque en un sistema presidencial los gobiernos divididos tienden a la parálisis gubernamental, afectando con ello la buena marcha de los asuntos públicos y el desahogo oportuno de temas que forman parte de la agenda nacional. Como lo he manifestado anteriormente, la ironía de nuestro mal arreglo electoral puede dar como resultado que ante un escenario de esta naturaleza, se tengan que volver a formar nuevas coaliciones para alcanzar una mayoría parlamentaria que posibilite establecer una agenda mínima de compromisos de gobierno. En esto radica el gobierno de coalición que prevé nuestra Constitución.

Así que las coaliciones electorales de hoy, no necesariamente serán la coalición de gobierno de mañana. En el extremo, con el fin de lograr gobernabilidad, es probable que los que fueron antagónicos en la campaña, sean aliados con el nuevo gobierno. Y viceversa, los que fueron aliados en la elección, en caso de no alcanzar un número importante de votos en el Congreso, serán marginados de la agenda y de espacios en el gobierno. Si la idea era resolver un problema de gobernabilidad y estabilidad, ciertamente no se resuelve del todo.

Prácticamente el modelo de gobierno que propuso Carranza hace más de cien años, para gobernar a un México totalmente diferente al que tenemos al día de hoy, es casi el mismo, con algunas salvedades. Por ello la urgencia de que la clase política sea consciente del enorme reto que tienen para resolver un tema muy sensible que está a la vuelta de la esquina, si es que hay responsabilidad y visión de Estado, para que se establezcan las nuevas reglas del poder, que fueron olvidadas o poco entendidas, pero que ya no pueden ser postergadas, porque de otra manera se dejaría muy vulnerable la gobernabilidad del país.

¿Cuando los candidatos hablan de un cambio de régimen a que se refieren? ¿A transitar del presidencialismo al parlamentarismo? ¿Al semipresidencialismo? ¿Saben qué hacer y cómo hacerlo? Claramente es un tema mucho más complejo de lo que se piensa. El cambio de régimen no es cualquier cosa, y menos cuando no hay muchos elementos para valorar sus resultados, dado que no hay sistema político en la historia de la humanidad en el que se haya transitado de un gobierno presidencial al parlamentarismo.

No comparto la idea de que México requiere una nueva Constitución, si es que vamos a repetir la misma historia de siempre y las tentaciones por hacer lo mismo son grandes, pero sí creo que se debe establecer un nuevo contrato social, que puede ser procesado con nuestra actual Constitución con todo y las más de 700 reformas, que la han hecho pasar más como un reglamento que como una ley fundamental. Nuevas reglas del juego, para nuevos momentos, con nuevos actores.

Jesús Silva Herzog Márquez: ¿liberal o conservador? A Jesús Silva Herzog Márquez lo acusan de conservador por haber expresado una opinión sobre Andrés Manuel López Obrador, en el ejercicio de un derecho humano fundamental que es considerado como base del liberalismo. Curiosa manera de entender la libertad y el pensamiento de un liberal ejemplar.