El retiro de EU de Afganistán, ¿un nuevo Vietnam?
SALVADOR GARCÍA
La imagen del lunes, de un avión del Ejército de los Estados Unidos que despega del aeropuerto de Kabul, llevando a bordo a todo el personal de su embajada en Afganistán, mientras decenas de afganos intentan huir de su país por la llegada del régimen de los talibanes, quedará para la posteridad. Será la imagen que marque el fin de una incursión fallida de la superpotencia militar, que termina tras 20 años de ocupación y deja atrás una estela de enormes costos económicos y políticos para Washington, por la muerte, en esa guerra, de 2,500 soldados estadunidenses, más de 20,000 heridos y un país centroasiático que, abandonado por la milicia de las barras y las estrellas, se sumirá en el caos.
La estampa dolorosa que anticipa lo que viene en Afganistán con el regreso del régimen extremista talibán que ya empezó a prohibir los derechos y libertades, sobre todo de las mujeres, quedó registrada ayer en un video que le dio la vuelta al mundo y que muestra el momento en el que ese avión militar de la Fuerza Aérea de EU es seguido en su despegue por decenas de afganos desesperados que se aferran a salir de su país a cualquier costo y algunos se trepan en las partes exteriores de la aeronave militar aferrándose de lo que pueden con tal de abandonar su territorio. Una vez que el enorme avión tipo Boeing C-17ª Globemaster logra despegar, desde el aire se observa como caen al vacío los pocos afganos que lograron aferrarse a la aeronave después de su despegue.
Y es que miles de afganos, que temen el regreso del régimen de terror, extremismo islámico y supresión de derechos, acudieron ayer al aeropuerto Hamid Karzai, en las afueras de la capital afgana para tratar de abandonar su país, luego de que la nueva administración aeroportuaria declarara la cancelación de los vuelos comerciales para impedir el sobrevuelo desde su país, ante la oleada de ciudadanos que intentan desesperadamente salir por miedo a la reinstalación del Talibán.
El presidente Joe Biden, quien finalmente tomó una decisión que habían evitado y pospuesto sus antecesores y que él mismo le recomendó al presidente Barack Obama, cuando fungió como vicepresidente durante su administración, salió a defender su estrategia del retiro definitivo de las tropas estadunidenses con el argumento de que no repetiría los “errores del pasado” y que esa guerra solo había causado sufrimiento y dolor a los estadunidenses. “Han pasado 4 administraciones cargando con la guerra de Afganistán; se han cometido errores, pero no pasaré esa carga a otra administración, no repetiré los errores del pasado”, dijo Biden en la base aérea Fort McNair, donde ayer aterrizó antes de regresar a la Casa Blanca después de sus vacaciones en Camp David.
Biden cumple así una promesa que hizo desde su campaña y toma una decisión que tendrá muy altos costos políticos, ante la percepción mundial de que Estados Unidos se retira fracasado después de haber invadido Afganistán en 2001, tras los ataques terroristas del 11 de septiembre y bajo el argumento de que el régimen talibán, que había gobernado ese país desde los años 90 y hoy regresará de nuevo al poder, financiaba y escondía a la red terrorista de Al Qaeda y a su líder Osama Bin Laden.
Desde entonces y tras la movilización de 66 mil soldados estadunidenses, esta guerra se le volvió cada vez más costosa, política y económicamente, para cuatro administraciones de la Casa Blanca, la última de George W. Bush, que la inició, las dos de Obama, que inició un retiro gradual pero nunca se atrevió a terminarlo, y la de Donald Trump, quien llegó a plantear el retiro de tropas sin poder concretarlo nunca. Con todo y su superioridad y poderío militar, el mejor ejército del mundo nunca logró derrotar al talibán y a sus tribus que se esparcieron por las zonas rurales y la escarpada y montañosa geografía afgana, desplegando una táctica de guerra de guerrillas que, con ataques furtivos y bombas terroristas, causaron la muerte de 2,500 soldados estadunidense y más de 20 mil heridos, sin contar las bajas militares de otros países como la Gran Bretaña.
Toda una generación de jóvenes estadunidenses, enrolados en el Ejército y la Marina, quedaron marcados por los dolorosos e imborrables costos físicos y sicológicos de una guerra de baja intensidad que terminará oficialmente el próximo 31 de agosto cuando el último soldado estadunidense abandone el territorio afgano. “Estados Unidos mantendrá el enfoque de las misiones antiterroristas tanto en Afganistán como en otros países. Que las familias estadunidenses sigan sufriendo por vidas perdidas en Afganistán no es de nuestro interés nacional. Retirarse es la decisión correcta”, insistió ayer el presidente Biden, que asumirá los costos políticos y militares de esta decisión.